Clinica de Natacion CAyBC

Facebook Twitter

Historia de un presidente rojo llamado Octavio
Viernes, 10 de Febrero de 2012 05:05

Se llamaba Octavio Selvaggio. Fue el conductor de nuestra institución desde 1949 a 1954. El historiador Gerardo Alvarez nos acercó amablemente la historia de vida de este hombre  para compartirla con todos los campañistas.

Sabido es que en Carcarañá, a lo largo de varias décadas, cuando se decía “Octavio”, no era preciso aclarar que se estaba aludiendo a  Selvaggio, un vecino recordado y recordable que había nacido un lejano 22 de marzo de 1913 y falleció en Rosario el 24 de junio de 2000.

   

Su madre, Ida Castello, estaba emparentada con los Rudman, una familia que el inspector de colonias Guillermo Wilcken, quien visitó Carcarañá en 1872, menciona entre las que habían sido pioneras de su zona rural. Don Marcos, su padre, de origen italiano, fue titular de un próspero negocio de ramos generales, también propietario rural y tuvo actuación en la Societá “Coloni Italiani”, en la que puso de manifiesto una preocupación y sensibilidad por las cuestiones sociales que heredaría ese hijo cuando pretendió, infructuosamente, que en vez de levantar su edificio social la entidad adquiriese medicamentos para los socios pobres.

Tras cursar sus  estudios  elementales  en  el  Colegio Italo  Argentino  “Dante  Alighieri”  creado   en  1907  por  la Societá “Coloni Italiani”, donde aprendió la dulce  lengua del autor de  la  “Divina Comedia”,  el  joven  Octavio  comenzó a trabajar en dicho comercio que, a la muerte de don Marcos, quedó en manos de sus hermanos Pablo y Tito quienes contaban con su colaboración, aunque el último de ellos se alejara luego del emprendimiento familiar. Seguramente algunos de los clientes que frecuentaban el local, allá por los Cuarenta o Cincuenta, todavía recordarán con nostalgia, como Alberto Benedetto, una graciosa sentencia, “La semilla del crédito da flor de clavo”, que allí podía leerse, en la que sin duda estaba presente el fino y ocurrente humor del que siempre hizo gala Octavio... 

Pero es de suponer, también, que él debió intuir muy pronto que la actividad comercial podía ser su medio pero nunca su objetivo de vida y, por eso, se las ingenió para abocarse de manera paralela a una afición que le permitiera  cultivar las inquietudes y los intereses hacia los que lo inclinaba su innata sensibilidad artística. Fue así como algo antes de 1950, al sentirse muy interesado por la fotografía, comenzó a realizar sus primeros trabajos, ampliando los negativos, que proyectaba en una pared, valiéndose de una vieja Kodak colocada sobre un mostrador del negocio familiar.

Al tiempo que realizaba esas primeras incursiones en el arte fotográfico, supo ingeniárselas para disfrutar también, mientras trabajaba, escuchando la música de grandes compositores, en especial la de su admirado Ludwig van Beethoven, por quien sentía una marcada predilección. Y años más tarde, cuando se cerró el antiguo almacén de los Selvaggio, fue cuando Octavio hizo verdaderamente de la fotografía su profesión, asociado a amigos entrañables como “Machi” Oelschlager y, en tiempos más cercanos, Roberto Giacovero.

Entre sus costumbres más habituales estaba el semanal viaje en tren a Rosario donde,  quienes por entonces éramos jóvenes estudiantes, manteníamos con él agradables y enriquecedoras conversaciones, en las que siempre se ponían de manifiesto su educación y su mesura, sus muchos conocimientos sobre temas diversos  y  también  la afabilidad de su trato, que era proverbial. Una vez que concluía su viaje, además de aprovisionarse de material fotográfico, Octavio visitaba a varios amigos, como  el  señor  Rosendo Llopart,  de  la  afamada  confitería  “La Catalana”,  quien compartía con él y otros consecuentes melómanos momentos por demás de gratos en la peña musical “Orfeo”, que aún concreta periódicamente  audiciones preparadas por  sus  propios  integrantes.  Algunos  de  ellos,  como  Ramón  Piferrer, Marcelino Ruiz, Oscar Grillo, Roberto Carballo, Darío Cao o el mismo Llopart, conservan muchas vivencias del amigo carcarañense que los frecuentó durante tantos años.

Pero también en Carcarañá, aunque sin que los encuentros estuviesen revestidos de las modalidades casi institucionales de esa Peña, Octavio participaba de vez en cuando de amables tertulias en casa de sus queridos amigos Luis Mingo y María Antonia Berasain. De allí que un  hijo de ambos, Eduardo, pueda evocar con afecto y melancolía esas agradables veladas en las que su madre tocaba el piano, en las que se escuchaba música y a veces se recitaba o leía alguna página, a través de las cuales fue tomando aprecio a ese hombre que amaba la cultura y que a la vez sentía una profunda preocupación por el acaecer político y las cuestiones sociales.  Por supuesto que ese hombre que le dio a leer por primera vez el viejo periódico “La Vanguardia” lo llevó, con el tiempo, a adherir a los postulados del Socialismo, que en Carcarañá llegó a identificarse con la persona de Octavio, devenido en el imaginario popular en algo así como el patriarca local de la idea.

Es del caso aclarar que durante mucho tiempo ese partido era tan minoritario que no fue considerado, en  el pueblo, como una real alternativa de poder. De allí que en tiempos de la segunda presidencia de Perón, luego de una elección en la que el Socialismo había obtenido tan sólo ocho votos, sus reconocidos referentes locales, Octavio y don Carlos Hernández, se lamentaran por no conocer a los otros seis votantes a fin de invitarlos a incorporarse al Partido... Por eso, cuando en tiempos más cercanos fuera elegido el primer concejal socialista de Carcarañá, Rubén Luchini, Octavio habría de compartir con algunos amigos, como Orlando Herrmann, una de las grandes alegrías de su vida. Es que durante el transcurso de la misma, fue tan consecuente con esa idea como para merecer que se impusiese su nombre, con mucha justicia, al Comité de Carcarañá. Y a propósito de esa inalterable consecuencia, Eduardo Mingo recuerda una conversación en la que un amigo de Rosario hizo referencia ante Octavio al tiempo, seguramente de juventud, en que ambos habían tenido “esos ideales”, y recibió de éste una inmediata, inquisitiva y aguda réplica: “Cómo, pero es que Ud. todavía no los tiene?”

Octavio fue también un hombre cordial y sencillo que participó activamente de la vida social del Carcarañá de su tiempo. Eran  cotidianas sus visitas a la sede de Campaña donde con sus amigos  Juan Carlos Jouve, “Lito” Elmer, Luis Berti, Eloy Arregui y “Sese” Plüss,  entre otros, mantenía largas partidas de ajedrez siendo, según el testimonio de Alberto Benedetto, un reconocido estudioso de sus aperturas. Entre 1949 y 1954 Octavio ocupó la presidencia del Club y, durante esos años, condujo con acierto la entidad y realizó una administración correcta y prolija, destinando sus mayores empeños a reunir los recursos requeridos para pagar la deuda originada por la adquisición de los terrenos situados junto al Ferrocarril, donde luego se levantarían los actuales edificios del hermoso cine-teatro y del gimnasio.

En los años Sesenta Octavio tuvo activa participación en el grupo cultural “Amistad” y en la creación del Ciclo Básico Comercial, luego Escuela Provincial de Comercio “José Hernández”. En esa época nos hicimos amigos y por entonces supe que su más dilatada actuación se había desarrollado en la Biblioteca Popular “Pablo A. Pizzurno”, en la que era directivo desde 1943 y a la que venía presidiendo desde hacía años. Después, cuando ella se trasladó desde el antiguo edificio de la centenaria Escuela “Sarmiento” al local del Lawn Tennis, al incorporarse a Centro 3, entidad formada por esas instituciones y también por el grupo cultural “Amistad”, Octavio fue su primer vicepresidente, acompañando a Jorge De Biassi, que lo presidía; al tesorero, Orlando Herrmann; a quien ésto escribe, a cargo de la secretaría  y a los demás directivos que en ese año, 1967, eran Idelma Viarengo, Roberto Palandri, Carlos Fernández, Dora Farré, Dora González, Nidia Bustos, Juan Carlos Pucchio, Tomás Ateca, Alicia Hamson, Carmen Benedetto, José Heller y Roberto Suárez. Y si se suman las trayectorias de Octavio en la “Pizzurno”, primero, y en el Centro 3, más tarde, donde integró las comisiones presididas por María Isabel Alzari de Herrmann, hasta sus últimos años, se advierte que él se desempeñó durante un holgado medio siglo como dirigente de esa Biblioteca Popular.

Quienes tuvimos ocasión de compartir con él momentos muy gratos en dichas instituciones, bien sabemos que Octavio supo ayudar a crearlas, a sostenerlas y a preservarlas en situaciones difíciles. Siempre conservaremos también, los cálidos recuerdos que dejó en quienes lo conocimos y, no podremos olvidarnos nunca de su moderación y su tacto, de su cortesía,  su sencillez y sobre todo de su reconocida humildad. Ese raro y valioso atributo que ornaba la simpática figura de Octavio, el mismo que, al decir de Sócrates, resulta indispensable para que exista la verdadera sabiduría...

GRACIAS Gerardo Alvarez!!!

FOTO: IMAGEN DE OCTAVIO SELGAGGIO, PRESIDENTE DEL ROJO ENTRE 1949 Y 1954. 

QUIERO AGRADECER A CLAUDIO PRETTO DE MAINO POR ALCANZARME LA FOTO DE OCTAVIO QUE SE ENCUENTRA EN LOS ARCHIVOS DE LA BIBLIOTECA P. PIZZURNO DE NUESTRA LOCALIDAD.

 

 

SOCIOS!

El CAyBC les desea muchas felicidades a los Socios/as: CRIOLANI Diego, PLUS Graciela, ASTIVIA Lorenzo, WEIHMULLER Ignacio, YACOB Claudia, Que tengan un muy Feliz Cumple!

HAZTE FAN!

Newsletter Digital - Suscribite y recibi toda la info y novedades en tu Correo!


© 2010 Club A.y B.Campaña - Sitio Oficial | Carcaraña | Sta. Fe | Rep. Argentina - Todos los derechos reservados
Sitio web desarrollado y mantenido por el Departamento de Prensa y de Deportes del Club. A.y B.Campaña